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Lactancia y culpa: cuando lo “mejor” no siempre es lo que puedes (o quieres) sostener

La lactancia materna suele presentarse como la mejor opción para el bebé. Y es cierto que tiene muchísimos beneficios, pero en este post no venimos a hablaros de ellos, venimos a hablar de otro sentir.

¿Qué pasa cuando la experiencia real de la lactancia no encaja con lo que esperabas?

Muchas mujeres en posparto nos llegan con una emoción muy concreta: la culpa.

Culpa por no poder sostener la lactancia.
Culpa por no querer continuar.
Culpa por elegir una lactancia mixta o de fórmula.

En este artículo queremos hablar de lactancia y salud mental, y de por qué es importante ampliar la mirada más allá de lo que “debería ser”.

Lactancia materna: los beneficios

La lactancia materna tiene muchísimos beneficios conocidos, y muchas mujeres recibimos esta información desde el inicio:

Para el bebé:

  • Aporta nutrientes adaptados a sus necesidades.
  • Favorece el desarrollo inmunológico.
  • Contribuye al vínculo.

Para la madre:

  • Puede favorecer la recuperación posparto.
  • Tiene beneficios a nivel físico y hormonal.
  • Puede facilitar la conexión con el bebé.

Esto suele estar muy presente durante el embarazo y el posparto. Y como queremos hacerlo bien y ser buenas madres, esto, en algunos casos puede ejercer cierta presión.

Cuando la lactancia no es como esperabas

La lactancia , a parte de ser proceso biológico, también es una experiencia emocional, corporal y contextual.

Y en esa experiencia pueden aparecer muchísimas cosas que hasta que nos las vivimos y sentimos durante varios días, semanas, meses,… puede ser difícil de hacerse a la idea de como podemos llegar a sentirnos:

  • Dolor.
  • Cansancio extremo.
  • Dificultades con el agarre.
  • Sobrecarga.
  • Sensación de pérdida de libertad.
  • Necesidad de espacio propio.
  • Dificultades para conciliar con otras áreas de la vida.

Y al mismo tiempo mientras sostenemos alguna o varias de las anteriores, pueden aparecer dudas:

👉 ¿Y si no quiero seguir?
👉 ¿Y si necesito parar?
👉 ¿Y si la lactancia mixta es lo que mejor nos funciona?
👉 ¿Y si elijo fórmula?

Estas preguntas no siempre encuentran espacio para ser expresadas sin juicio. Sin juicio interno y sin juicio externo.

Lactancia y exigencia: una mirada crítica

La experiencia de la lactancia no depende únicamente de lo que una mujer siente o desea individualmente. También está atravesada por el contexto social, cultural y emocional en el que se vive.

A menudo existe una idea muy concreta de lo que significa ser una “buena madre”: priorizar constantemente las necesidades del bebé, sostener la lactancia materna y hacerlo desde la entrega, la disponibilidad y, muchas veces, sin mostrar malestar.

En este contexto, el cuidado sigue recayendo de forma mayoritaria sobre las mujeres, y frecuentemente se espera que ese cuidado sea constante, generoso e incluso invisible.

Por eso, cuando una mujer siente que no puede, no quiere o necesita replantearse la lactancia, no siempre vive solo una decisión práctica o emocional. A menudo aparece también la sensación de estar alejándose de aquello que socialmente se espera de ella.

Y ahí, muchas veces, aparece la culpa.

Pero, ¿por qué aparece la culpa en la lactancia?

La culpa no siempre aparece únicamente por la experiencia que una mujer está viviendo, sino también por la distancia entre la realidad y las expectativas que se han construido alrededor de la lactancia.

Cuando la lactancia se vive con dificultad, cansancio o malestar, pero el mensaje que llega desde fuera es que debería ser una experiencia natural, bonita y gratificante, es frecuente que aparezcan pensamientos exigentes hacia una misma:

👉 “Debería poder con esto.”
👉 “Mi cuerpo tendría que saber hacerlo.”
👉 “Otras mujeres lo viven diferente.”
👉 “Quizás no estoy haciendo lo mejor para mi bebé.”

Y poco a poco, la lactancia puede dejar de vivirse como una experiencia propia, atravesada por necesidades y emociones reales, para convertirse en algo que parece necesario sostener para cumplir con lo esperado.

No hay una única forma de alimentar y cuidar

Desde la psicología perinatal entendemos que no existe una única manera correcta de cuidar ni de vivir la maternidad.

Para algunas mujeres, la lactancia puede ser una experiencia positiva, conectada y satisfactoria. Para otras, puede vivirse con dificultad, ambivalencia o malestar. Y ambas experiencias son válidas.

A menudo tendemos a centrar el bienestar del bebé únicamente en el tipo de alimentación, dejando en un segundo plano otros factores igual de importantes, como el estado emocional de la madre, el contexto en el que se sostiene la crianza o el vínculo que se va construyendo entre ambos.

Por eso, cuando la lactancia se mantiene desde la exigencia, el agotamiento o el sacrificio constante, es importante poder preguntarse cómo está siendo realmente vivida esa experiencia y qué impacto está teniendo también en el bienestar materno.

Lactancia y salud mental en el posparto

Hablar de lactancia también implica hablar de salud mental en el posparto.

El posparto es una etapa de gran transformación y vulnerabilidad, atravesada por cambios físicos intensos, falta de descanso, reorganización de la vida cotidiana, nuevas responsabilidades y ajustes profundos en la identidad.

En este contexto, sostener una lactancia que está siendo vivida con malestar, agotamiento o sufrimiento puede impactar significativamente en el bienestar emocional de la madre.

Por eso, en algunos momentos, revisar cómo se está viviendo la lactancia también forma parte del cuidado. La lactancia es una díada, y en esa relación ambas personas necesitan poder ser vistas y tenidas en cuenta de forma integral.

No desde la exigencia o la renuncia, sino desde la escucha, las necesidades y la realidad concreta de cada experiencia.

Tomar decisiones desde el cuidado

Decidir continuar, parar, combinar o cambiar la lactancia no debería hacerse desde la culpa.

Sino desde una pregunta más amplia:

👉 ¿Qué necesitamos en este momento?

A veces, lo más cuidadoso no es sostener una idea de lo que debería ser, sino ajustar la realidad a lo que es posible.

Y eso también forma parte de cuidar.

La terapia como espacio para revisar sin juicio

En muchos casos, la terapia puede convertirse en un espacio donde poder poner palabras a lo que está siendo difícil, revisar las expectativas con las que una llega a la maternidad, comprender de dónde nace la culpa y reconectar con las propias necesidades.

Un lugar desde el que poder tomar decisiones más ajustadas a la realidad que se está viviendo, sin necesidad de justificarse constantemente ni de intentar encajar en un ideal concreto de maternidad.

La lactancia materna tiene beneficios, sí.
Pero no siempre es fácil.
Y no siempre es sostenible.

Cuando la experiencia real no encaja con el ideal, no es la mujer la que falla. Es el relato el que necesita ampliarse.

Si estás viviendo la lactancia con dificultad o culpa, en NUA clinic ofrecemos un espacio profesional, respetuoso y sin juicio donde poder hablar de todo ello.

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